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Jun 05

VORTICELLA

Durante unos días dejamos descansar los corazones y yo me detengo a disfrutar de la observación de microorganismos de agua dulce. Dicen los astrónomos que la media de tiempo que una persona consume mirando por el ocular de un telescopio cuando se le ofrece la oportunidad es de unos 30 segundos. Una vez pasado ese tiempo, se apartan  y dicen “ya  lo he visto”. Algo parecido ocurre con el microscopio y con Vorticella, uno de los animales unicelulares  más frecuentes en las  observaciones escolares. Son muy pocos los  que, ante la ocasión,  acaban deteniéndose más allá de un par de minutos. Pasado un tiempo, si son preguntados acerca de ello dirán “yo lo vi una vez”. Aunque no puedan ni sepan describir qué es exactamente lo que vieron más allá del tópico. Necesitamos formar investigadores habituados a la observación  paciente y rigurosa.

Invito al visitante a que se documente un poquito sobre esta clase seres vivos, sobre su anatomía y sus funciones e intente apreciarlo en las imágenes que se muestran en este pequeño clip. A gran aumento, y en FullHD, es posible ver, entre otras cosas, una secuencia completa de la egestión de los restos  ya digeridos. Las Vorticellas, llamadas así por los remolinos (vórtices) que generan con sus cilios para alimentarse, no tienen corazón. Pero sí tienen vacuolas pulsantes. Y, pese a ser simples células, exhiben una complejidad estructural y funcional sorprendente.

Lo dicho, la observación racional de los fenómenos está en la base de la Ciencia.